Las cifras en torno a las  apuestas deportivas online se han duplicado en un año, y con ello, los casos de dependencias a esta nueva forma de juegos de azar.

Son jóvenes (muchos incluso menores de edad), entienden de deportes, y creen haber encontrado una forma fácil de ganar dinero mientras ven el partido de su equipo. Empiezan apostando  cantidades pequeñas, de entre 1 y 10 euros, y acaban perdiendo el control. Comienzan apostando en partidos de fútbol, luego pasan al baloncesto o al tenis y, en muchos casos, acaban apostando a juegos de los que ni siquiera conocen las reglas.

Estas apuestas añaden emoción a los encuentros deportivos. Se apuesta a cualquier partido de cualquier deporte para tener la emoción de ganar y crear un interés que invite a verlo. Cada vez hay más opciones para apostar en eventos deportivos y, peligrosamente, la cifra de personas adictas a esta modalidad de juegos de azar esta aumentando año tras año.

Puede apostarse en salones o en terminales de bares, aunque lo que predomina es el juego por Internet, que permite apostar las 24 horas de día los 365 días del año a través de una aplicación en el móvil desde el sofá de casa.

El juego online parece inocuo, pero hay varios aspectos que lo hacen especialmente conflictivo:  en esta época en la que todo el mundo tiene un móvil o un ordenador desde el que poder apostar y cualquier momento del día es bueno para hacerlo. Por otro lado, no existe sensibilidad social en torno a las apuestas deportivas. Se ve como una aberración que un chaval eche 20 centrimos a una tragaperras, mientras que es casi normal que ese mismo chico apueste 5 euros a un partido de fútbol.

En un principio, esta es una actividad meramente lúdica pero en algunos casos esto se convierte en un problema. Esto ocurre cuando la persona está constantemente preocupada en cómo conseguir dinero para seguir jugando y tapar las deudas, cuando esta actividad le provoca un impacto en la familia y el afectado intenta esconderlo. Cuando el juego deja de ser un entretenimiento y pasa a ser una necesidad.

Hay determinados factores de riesgo que pueden predisponer a una persona a terminar teniendo problemas de ludopatía: psicológicos, sociales y biológicos. Entre los primeros, por ejemplo, se sitúan tener una alta impulsividad, la necesidad de buscar sensaciones fuertes, buscar dificultades para afrontar conflictos y baja autoestima. Entre los sociales, vivir en un entorno que haya favorecido el juego desde edades muy precoces o haber sufrido situaciones estresantes o traumáticas también se convierten en un riesgo. En este sentido, explica que uno de los factores que puede hacer que una persona adopte conductas patológicas con el juego, que hasta ahora había tenido un rol social en su vida, es la muerte de un familiar cercano.

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