El consumo de cannabis altera funciones cognitivas, y los consumidores de esta sustancia pueden presentar deficiencias de la atención, concentración y memoria y, además, tener afectadas la toma de decisiones y las habilidades motoras.

Los resultados de diversos estudios señalan que entre los efectos no agudos del cannabis –resultado de un consumo crónico de la droga– destacan la afectación de la memoria episódica verbal, de la memoria de trabajo frente a tareas complejas y de la atención, y un rendimiento más bajo al tomar decisiones.

Los expertos han asociado también la edad en la que se inicia el consumo con el deterioro cognitivo de forma que, si se comienza a consumir cannabis antes de los 14-15 años en el caso de los chicos, o antes de los 10-11 años en el de las chicas, el déficit cognitivo se ve más afectado, ya que a estas edades el cerebro todavía no se ha formado totalmente.

Los consumidores crónicos de cannabis, suelen sufrir además alteraciones psicopatológicas y psicosociales. Así, estas personas padecen con frecuencia trastornos de ansiedad y de conducta, como fobia social y depresión.

Los especialistas han advertido de los peligros que conlleva el incremento del consumo experimental de cannabis, especialmente entre los adolescentes, que tienen una menor percepción del riesgo que implica este hábito, y han señalado que los adolescentes que consumen cannabis tienen más posibilidades de abandono y fracaso escolar y, a largo plazo, también es más elevado el número de personas desempleadas y que cuentan con menos ingresos económicos entre los fumadores crónicos de cannabis.

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