En España, todo se celebra con alcohol: un ascenso, una boda, el nacimiento de un niño o la victoria de mi equipo de fútbol o una noche al rededor de un botellón. La mayoría de las personas consideran absolutamente normal ingerir alcohol a diario. De hecho, la mayoria de los adolescentes prueban por primera vez el alcohol dentro del seno familiar.

Esta consideración del alcohol en nuestra sociedad, es la causante del fácil acceso que tienen los más jóvenes a esta droga. No obstante, esta percepción imperante en la población sobre los riesgos del alcohol no se corresponde con la realidad. El alcohol, sobre todo si se consume en el botellón tiene consecuencias muy perjudiciales para el cerebro de los más jóvenes.

El botellón es una nueva de consumir alcohol que triunfa entre los más jóvenes. Se refiere a un patron de consumo en el que se ingieren grandes cantidades de alcohol (unos 60 gramos) en un corto periodo de tiempo (dos horas).

Muchos estudios ponen de manifiesto que este tipo de consumo intermitente de grandes cantidad de alcohol es más perjudicial que el consumo regular.

El consumo de alcohol en el botellón conlleva una serie de daños y consecuencias directos e indirectos que pasamos a numerar:

  • Daños colaterales como enfrentamientos con las autoridades, peleas con otros adolescentes, accidentes de tráfico, prácticas sexuales de riesgo, conflictos con los vecinos...
  • Daños directos sobre distintos órganos y sistemas como el hígado, el cerebro, los pulmones o el sistema digestivo. Por ejemplo, el efecto de una borrachera tarda unas tres semanas en desaparecer del hígado. Si la borrachera se produce cada fin de semana los daños se multiplican enormemente.
  • Riesgo de intoxicación y coma etílico que pueden llegar incluso a la muerte.

Además, la práctica del botellón en la adolescencia se asocia con mayores tasas de fracaso escolar y mayores probabilidades de sufrir una dependencia alcohólica u otro trastorno mental a medio plazo.

A largo plazo, numerosos estudios han demostrado que las borracheras frecuentes del botellón perjudican el crecimiento(alteran la producción de las hormonas implicadas en este proceso), favorecen la obesidad (el alcohol aporta muchas calorías, pero pocos nutrientes) y dañan las funciones cerebrales hasta el punto de generar problemas en el aprendizaje, la memoria y las habilidades cognitivas que requieren cierta rapidez de razonamiento y reflejos.

El objetivo debe ser retrasar lo máximo posible la edad en la que los jóvenes comienzan a beber, evitando la reincidencia, la escalada del consumo (iniciación, esporádico, habitual, abuso, dependencia) y el policonsumo (consumo simultáneo o complementario de tóxicos diferentes).

No obstante, para lograrlo, se debe comenzar la tarea desde la infancia, haciendo especial desarrollo de acciones de refuerzo y control durante la etapa de la adolescencia. Por esto, Síndrome Adicciones cuenta con un programa de prevención para aquellos adolescentes y jóvenes que han realizado sus primeros consumos para prevenir el desarrollo de algún tipo de enfermedad adictiva.

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