Hoy finalizamos el reportaje sobre las etapas por las que atraviesa la familia de un alcohólico. Como dijimos en las entradas anteriores, existe una primera fase de negación del problema seguida de una etapa donde la familia la existencia de la enfermedad; lo que lleva a la familia a enfrentarse con la persona alcohólica como un intento de hacerlo consciente de su enfermedad. La cuarta fase se conoce como control, donde la familia intenta asumir la responsabilidad del problema con la bebida.

La quinta fase se conoce como supervivencia. Se refiere a los intentos que realiza la familia para recuperarse a pesar del problema. Cuando la familia se da cuenta de que sus intentos para hacer frente a los problemas del alcohol han fracasado, se produce la desorganización de la unidad familiar y se dan una serie de cambios:

- El principal objetivo de la familia es sobrevivir. Las metas de la familia comienzan a cambiar y cansados de la situación, dejan de intentar que la conducta del bebedor cambie.

- Los roles de cada miembro de la unidad familiar comienzan a cambiar ya que se deben asumir las responsabilidades de enfermo alcohólico. Por ejemplo, los niños empiezan a asumir ciertas responsabilidades del hogar. Este modo de actuar refuerza la conducta de beber de la persona enferma por varios motivos. Por un lado, le permite evitar las responsabilidades desagradables de trabajar, cuidar de la casa... gracias a la bebida. Por otro lado, estas responsabilidades son asumidas por los miembros de la familia, quienes aumentan su ira y su resentimientos contra la persona alcohólica.

- Los sentimientos hacia la persona con problemas de alcohol comienzan a cambiar. Los miembros de la familia pierden la preocupación y el respeto hacia esta persona.

Por ultimo, la etapa final del proceso es la aceptación. En esta fase la persona alcohólica acepta que existe un problema con la bebida y pide ayuda para acudir a tratamiento. En ocasiones, el bebedor puede enfrentarse al aislamiento y rechazo por parte de la familia, ya que ha sufrido mucho a lo largo de todo el proceso. Es posible que haya habido avisos de los jefes o malestar físico que hayan llevado a la persona alcohólica a aumentar la conciencia del problema. Toda esta situación hace que se vuelva imposible seguir negando el problema con la bebida y lleva a la persona adicta buscar ayuda.

No obstante, también puede darse la situación contraria. La persona alcohólica queda liberada de toda responsabilidad familiar, social y laborar por lo que nada impide que siga bebiendo. Esto hace que la recuperación se vuelva más complicada ya que no encuentran ningún tipo de motivación para acudir a tratamiento. No obstante, incluso en estas situaciones llega un momento en el que la persona acaba por reconocer que necesita ayuda.

Cuando el familiar decide entrar en un programa de tratamiento todavía puede sentir que el beber le da algún tipo de recompensa a pesar de las consecuencias que le ha acarreado. Es posible que él pase algún tiempo definiendo cómo utilizaba el alcohol y buscar conductas diferentes de la de beber para conseguir los objetivos.

Por ultimo, nos gustaría recordar que el alcohol es una de las sustancias depresoras del sistema nervioso más fuertes. Tanto es así, que el síndrome de abstinencia alcohólico puede ser mortal. Es imprescindible pedir ayuda profesional antes de realizar una desintoxicación alcohólica ya que las consecuencias pueden ser fatales.

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