Son las 11 de la noche  en una conocida plaza de Valencia. Grupos de jóvenes se reúnen en torno a bolsas de supermercado cargadas con bebidas alcohólicas, hielos y refrescos para mezclar. Ha empezado el botellón. Los vasos de calimocho, ron o vodka tardan pocos minutos en vaciarse y volverse a llenar. El alcohol de las botellas baja a una velocidad pasmosa. Al fenómeno del botellón,  se le suma una nueva tendencia a la hora  de beber alcohol, el binge drinking.

Podríamos traducir binge drinking como atracón alcohólico. Consiste en la ingesta masiva de bebidas alcohólicas en un periodo breve de tiempo con la finalidad de emborracharse en el menor tiempo posible. Para que sea considerado binge drinking, los chicos han de beber más de cinco bebidas alcohólicas (cuatro en el caso de las mujeres) en un espacio breve de tiempo (menos de tres horas). Pueden parecer cifras exageradas, pero según la Encuesta Estatal Sobre Alcohol y Drogas en la Población General de España (EDADES), el 15,2% de la población ha realizado esta practica en el último mes.

El binge drinking se ha convertido en la nueva forma de emborracharse que tienen los jóvenes y es visto entre ellos como una práctica normal. No obstante, los riesgos derivados de este consumo masivo de bebidas alcohólicas en un breve periodo de tiempo son elevados. Así, el binge drinking favorece la desinhibición propia que produce el alcohol, lo que instiga al joven a realizar actividades de riesgo durante la noche (accidentes de trafico, actos violentos, practicas sexuales sin protección...). Además, si las cantidades de alcohol se disparan se puede producir  intoxicación etílica,  pancreatitis aguda o coma y muerte en los casos más extremos. A largo plazo, estos consumos pueden generar problemas de atención, de procesamiento y recuerdo de la información y una merma en la capacidad mental para realizar las tareas de la vida diaria. Y esto solo es una parte de los efectos asociados al binge drinking. Es muy posible que en un futuro se descubran nuevos riesgos asociados a esta práctica.

Es necesario concienciar a los mas jóvenes de que el alcohol es otra droga más y acabar con el hecho de que muchos padres se tomen medio a broma las borracheras de sus hijos.  Es fundamental trabajar la prevención sobre drogas con los adolescentes, para que las cosas de jóvenes no acaben convirtiéndose en problemas serio.

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