En los últimos años se ha hablado largo y tendido sobre la aparición de vacunas contra la drogadicción. La idea es combinar las vacunas con otro tipo de intervenciones en aquellas personas reticentes a dejar el consumo de sustancias.

Una vacuna eficaz contra la droga debe bloquear la entrada de la sustancia en el cerebro a través de una respuesta inmunitaria eficaz. Así, una persona vacunada no obtendrá ningún tipo de placer a través de la sustancia, por lo que se reducirá su motivación para continuar consumiendo.

El gran reto al que se enfrentan los científicos en la fabricación de una vacuna de este tipo es que los linfocitos B, es decir, las células productoras de anticuerpos, no reconocen las drogas como sustancias patógenas.

Así, para movilizar a los linfocitos B y generar una respuesta de anticuerpos a la droga diana se están combinando dos componentes en la vacuna: por una lado, se inserta una molécula modificada de la droga diana, llamada hapteno, para proporcionar una plantilla para la formación de anticuerpos contra la droga. Por otro lado se utiliza una proteína portadora destinada a estimular los linfocitos B formadores de anticuerpos.

Típicamente, una vacuna antidroga se administra junto con un adyuvante, que puede ser otra proteína,  destinada a mejorar la fuerza de la respuesta inmunitaria. Estimulado por la proteína transportadora en la vacuna, los linfocitos B se unen al hapteno. Esta unión desencadena un cambio en los linfocitos B, que produce la liberación de masiva de anticuerpo anti-droga en el torrente sanguíneo. Las vacunas contra las drogas se aprovechan de un filtro de tejido que rodea los vasos sanguíneos en el cerebro (barrera hematoencefalica).

La barrera hematoencefálica protege el cerebro de la exposición a muchas sustancias potencialmente nocivas que circulan en la sangre. La barrera hematoencefálica normalmente no bloquea las moléculas de drogas. Si un individuo ha sido vacunado los anticuerpos producidos por la vacuna  se unen a las moléculas de la droga en el torrente sanguíneo. Las moléculas del componente anticuerpo-droga son demasiado grandes para atravesar la barrera hematoencefálica por lo que  la droga no pueda entrar en el cerebro y no puede producir efectos psicoactivos ni adictivos.

Una vacuna contra la droga será clínicamente útil si la respuesta de anticuerpos que induce es lo suficientemente fuerte y de larga duración. Para evitar que la droga ofrezca efectos psicoactivos, la concentración en sangre de anticuerpos debe ser lo suficientemente alta para interceptar la totalidad o la casi totalidad de las moléculas de droga diana antes de llegar a la barrera hematoencefálica.

La efectividad de estas vacunas todavía es limitada, pero se espera que en algunos años supongan toda una revolución en el tratamiento de las adicciones.

Comentarios
    Recupera tu vida

    Categorías

    Únete a nuestra comunidad

    Visita nuestro canal

    YOU Tube