Llega septiembre y con el la vuelta a la rutina. Hoy en día son muchas las personas que deciden hacer deporte para aumentar su calidad de vida y reducir sus niveles de estrés ante jornadas maratonianas de trabajo. En esta época los gimnasios están a rebosar y los parques se llenan de runners ejercitándose. No obstante, muchas de estas personas que intentan ponerse en forma siguen fumando, lo que además de una contradicción personal, supone una merma enorme en el rendimiento de la persona.

Existe la creencia popular de que el deporte elimina los efectos nocivos asociados al tabaquismo. Pero nada más lejos de la realidad. El daño observado en las personas fumadoras que practican deporte es el mismo que el que se detecta en los que no lo hacen.

Una persona que fuma tiene afectados sus sistemas cardiovasculares y respiratorios, lo que significa que su capacidad aeróbica esta disminuida; es decir, la capacidad de utilizar bien el oxígeno de la sangre no es la adecuada, por lo que en deportes intensos o prolongados en el tiempo aquellas personas fumadoras parten en una clara condición de desventaja. De echo, en la mayoría de las ocasiones el fumador acaba abandonando el ejercicio físico ante la falta de aire.

En una carrera, las personas fumadoras tendrán un rendimiento peor que aquellos que no fuman, y esta disminución del rendimiento está inversamente relacionada con el número de cigarrillos fumados. Es decir, aquellos que más fuman acabarán en los últimos puestos de la carrera.

El consumo de tabaco altera la secuencia respiratoria, lo que repercute a la hora de hacer deporte. La nicotina y el monóxido de carbono que se inhalan al fumar disminuyen el consumo de oxígeno del cuerpo, lo que provoca cambios en la función cardiovascular, un aumento de la presión sanguínea y una insuficiente distribución del oxígeno en todo el cuerpo.  Además, el tabaquismo altera el patrón oxidativo corporal, y cuando se practica deporte en estas condiciones se favorecen los procesos inflamatorios del cuerpo.

Si se fuma al realizar un esfuerzo físico, el cuerpo requiere de una tarea extra y es aquí donde pueden surgir afecciones más comprometedoras para la salud como broncoespasmo, arritmias, taquicardias o falta de oxigenación de los tejidos, que aumentan el riesgo de sufrir daños a nivel coronario y pulmonar.

Por otro lado, se han confirmado los prejuicios del tabaco sobre los músculos. En este sentido, se sabe que los fumadores tienen una recuperación post-esfuerzo más lenta, así como una pérdida de masa muscular acelerada y una síntesis más lenta de proteínas.

Se recomienda no fumar al menos tres horas y media antes de hacer deporte, pues con cada cigarro mengua la capacidad circulatoria de venas y arterias y con ella aumenta el riesgo de arritmias, infartos o muerte súbita.

El tabaquismo reduce la capacidad pulmonar y aumenta el tiempo de recuperación. Esto se traduce en una disminución del rendimiento deportivo además de que impide notar los beneficios sobre la salud del deporte.

Sin embargo, tenemos buenas noticias: cuando una persona deja de fumar los beneficios son casi inmediatos. A las 24 horas, el transporte de oxigeno sanguíneo se restaura a niveles normales. Los deportistas que abandonan el tabaco, mejoran notablemente su respiración y su rendimiento durante el esfuerzo. ¿Quieres dejar de fumar?  En Síndrome Adicciones podemos ayudarte. Pide información sin compromiso.

 

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