La adolescencia es una etapa vital marcada por las dudas y la incertidumbre. Los muchachos adolescentes años no acaban de definirse como adultos, pero tampoco como niños y no saben bien como comportarse ni cual es su papel en la sociedad. La adolescencia es un periodo de transformación física y mental donde los cambios se suceden vertiginosamente y reinan los sentimientos de inseguridad, desvalimiento y soledad.

La adolescencia es un periodo crítico en cuanto al consumo de drogas se refiere. Llega un día en el que nuestros hijos adolescentes tiene un primer contacto con las drogas; porque se las ofrece un amigo o un compañero, por la propia curiosidad intrinseca de los adolescentes o porque lo ha visto hacer en la televisión.

Nunca es demasiado pronto, ni demasiado tarde para hablar de drogas con tus hijos adolescentes. El diálogo es fundamental para resolver cualquier situación relacionada con las drogas, pero no todo vale con respecto a este tema.

Los padres y madres con hijos adolescentes tenemos que procurarnos información adecuada y adaptar nuestras explicaciones a la edad de nuestros hijos. Es importante conocer el tema razonablemente bien, creer lo que decimos y practicarlo. Estar informados y saber cuáles son los efectos y los peligros de las drogas, no estimulará su consumo.

Es importante diferenciar entre “estar disponible” y “atosigar” a los hijos e hijas adolescentes. En el primer caso, se trata de ejercer una supervisión discreta, hacer saber al menor que en cualquier momento puede preguntar, charlar o simplemente “estar” con nosotros. Por el contrario, atosigar es “coser” a nuestro hijo o hija a preguntas, advertencias o consejos. Esta actitud suele generar rechazo en los adolescentes al sentirse tratados como bebés, o aún peor: como sospechosos

Hay que aprender a escuchar, provocar la conversación, establecer una relación de confianza y complicidad con los adolescentes. Muchas veces, los padres, para hablar con sus hijos de temas delicados como las drogas, esperamos encontrar un momento ideal y un ambiente propicio.

Debemos evitar:

  • Interrogarles insistentemente sobre si piensan consumir drogas o si las han tomado ya. Es mucho mejor pedirles su opinión (qué piensan del consumo de drogas por parte de algunos jóvenes, qué peligros ven en ello).
  • Discutir y pelearnos, de modo que la defensa de las drogas se convierta en una afirmación de su identidad.
  • Se rebela contra los adultos, lleva la contraria y transgrede las normas en un acto de afirmación. "Dejadme hacer mi vida."
  • Desautorizar o culpabilizar de forma permanente con un juicio que fácilmente puede volvérsenos en contra.
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