Según un estudio realizado por la Universidad de Nueva Zelanda, algunas conductas de los niños de 3 años pueden funcionar como predictores del riesgo de estos a desarrollar un trastorno relacionado con las drogas o el juego.

El estudio consistió en una investigación longitudinal en la que se siguieron los patrones psicológicos, económicos e intelectuales de un grupo de personas desde su nacimiento hasta los 32 años. Los análisis, publicados en Psychological Science, encontraron que los niños con temperamento poco controlado a la edad de 3 años, tienen más del doble de posibilidades de desarrollar problemas adictivos entre los 21 y los 32 años, en comparación con los niños con buen ajuste emocional.

El temperamento poco controlado se define como la falta de autocontrol, cambios rápido de emociones, impulsividad, conducta dolosa y niveles relativamente altos de emociones negativas. Este tipo de estudios permiten esclarecer como el temperamento descontrolado se produce antes y participa en el desarrollo de la adicción.

Estos descubrimientos  sugieren que algunas personas son más vulnerables a las adicciones que otras. No por una cuestión de búsqueda de mayor placer, sino más bien debido al exceso de emociones negativas y la inhabilidad para controlarlas.

Además, estos estudios nos recuerdan que la adicción no es simplemente el resultado de la exposición a sustancias adictivas.

No obstante, esto no quiere decir que las personas que no sufren un temperamento descontrolado no desarrollen una adicción o que todas las personas descontroladas acaben desarrollando un trastorno por uso de sustancias . Solo señala la importante relación que se establece entre ambas variables y la existencia de un riesgo mayor en las personas con estas características.

Un estudio llevado a cabo en California también apoya esta asociación. En este estudio se encontró que los niños con menos control de impulsos y mayores niveles de distress emocional fueron más propensos a desarrollar problemas relacionados con las sustancias.

Así pues, estos estudios incrementan la evidencia científica de que la adicción no es el resultado del uso de sustancias; la mayoría de las personas que desarrollan un trastorno adictivo tienen problemas preexistentes.  Esto sugiere que para lograr una recuperación completa de un proceso adictivo no basta con enfocar el tratamiento en las conductas adictivas. El tratamiento para esta enfermedad ha de ser integral y abarcar todas las áreas vitales relevantes en la vida del sujeto.

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