La metanfetamina es un estimulante del sistema nervioso central con un elevado poder adictivo. Se conoce comúnmente como "cristal" o "ice" por la forma que tiene la droga cuando se fuma. La metanfetamina es un polvo blanco, cristalino, sin olor y con un sabor amargo que puede disolverse en agua u otros líquidos.

Al igual que la anfetamina, esta sustancia aumenta la actividad y el habla, disminuye el apetito y produce una sensación de bienestar general. Sin embargo, la metanfetamina se diferencia de la anfetamina en que su efectos son más duraderos y dañinos ya que traspasa más fácilmente la barrera hematoencefálica.

La metanfetamina es usada para el tratamiento de la narcolepsia y el trastorno por déficit de atención. No obstante en el uso médico de esta sustancia, las dosis son mucho más bajas que cuando se usa como droga de abuso.

La metanfetamina se encuentra en muchas formas y puede fumarse, inhalarse, inyectarse o ingerirse de forma oral. En los últimos años, la forma más común de consumir metanfetamina es fumándola. Esto hace que la droga penetre rápidamente en el cerebro y aumenta su potencial adictivo y las consecuencias adversas para la salud.

La forma de administración también va a condicionar la forma en que esta droga altera el estado de ánimo. Así, cuando la meta se fuma o inyecta, el usuario experimenta una intensa sensación de euforia (rush) que dura unos pocos minutos y que es descrita como extremadamente placentera. Cuando se inhala o se consume de forma oral, la euforia es menos intensa pero más prolongada en el tiempo.

Por otro lado, la estructura de la metanfetamina es muy similar a la de la anfetamina y distinta a la de la cocaína. A pesar de que los efectos conductuales de estas tres sustancias son parecidos, sus mecanismos de acción son diferentes. Por ejemplo, aunque estas drogas aumentan los niveles de dopamina en el cecebro, la metanfetamina consigue elevar los niveles de este transmisor mucho más que la cocaína. Esto es así porque  la cocaína aumenta los niveles de dopamina cerebrales al bloquear la recaptación del neurotransmisor. La metanfetamina hace lo mismo, pero además, consigue que las neuronas dopaminergicas liberen todo el neurotransmisor disponible, aumentando de forma exponencial los niveles de esta sustancia en el cerebro, lo que puede llegar a ser tóxico para los terminales nerviosos.

Como hemos dicho,  la metanfetamina un poderoso estimulante capaz de disminuir el sueño e incrementar el apetito y la actividad física. También produce sensación de euforia o rush, un aumento de la atención y reducción de la fatiga. Puede causar problemas cardiovasculares como latido irregular del corazón y elevación de la presión arterial. Cuando se aumenta la dosis, puede elevarse la temperatura corporal hasta niveles peligrosos que conlleven convulsiones fatales. Se cree que los efectos placenteros que se experimentan al consumir metanfetamina se deben a la liberación de dopamina. También se cree que esta liberación de dopamina es tan alta que es la causante de los efectos tóxicos de la droga sobre los terminales nerviosos.

Las consecuencias a largo plazo de esta sustancia son devastadoras. Adicción, ansiedad, insomnio, trastornos emocionales, psicosis o conducta violenta son algunos de los síndromes asociados al consumo continuado de metanfetamina. Además, el abuso crónico de esta droga produce cambios significativos en la estructura cerebral.

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