Dicen que los venenos más mortales vienen en frasco pequeño. Y en el caso del tabaco este dicho  no puede tener más razón. Un cigarrillo contiene más de 7.000 productos distintos, además de la famosa nicotina, de los cuales casi 70 se han relacionado con el cáncer. De echo, el 85% de los tumores de pulmón se deben al tabaco.

También otros tipos de cáncer, como el de boca, estómago o mama se han relacionado con el tabaco. Según la OMS, el tabaco aumenta el riesgo de sufrir  angina de pecho, infarto de miocardio y cerebrales, diabetes o hipertensión. La conclusión de esta organización es devastadora, fumar es la principal causa de muerte evitable en el planeta.

Los componentes más conocidos del tabaco son tres: nicotina, alquitrán y monóxido de carbono. No obstante, el tabaco está compuesto por un sinfín de aditivos, de los cuales las empresas tabacaleras no tienen la obligación de informar.

Respecto a la nicotina, tiene una estructura molecular parecida a los neurotransmisores cerebrales, de ahí su capacidad de generar adicción. La nicotina se absorbe en los pulmones, de donde pasa al cerebro y estimula las áreas de recompensa de igual forma que el resto de sustancias de abuso.

La nicotina tiene un efecto parecido al de la acetilcolina en el organismo. Esto supone que la nicotina aumenta la frecuencia cardíaca y la tensión arterial, provoca resistencia a la insulina (favorece la diabetes) y aumenta la agregación de plaquetas. Todo ello esta implicado en un aumento de riesgo cardiovascular.

El monóxido de carbono, por su parte, es un gas que se produce por la combustión de determinadas sustancias. El monóxido de carbono se une a la hemoglobina de la sangre haciendo a esta inservible. Esto genera un déficit de oxígeno en el organismo, lo que unido al daño que provoca en las membranas cerebrales y el aumento de colesterol, lo convierten en una sustancia muy peligrosa.

Por último, el alquitrán es una masa oscura y pegajosa que se adhiere a nuestros pulmones y que contiene la mayor parte de los carcinogenos del tabaco, como el tolueno, el arsénico o el cadmio.

Además, en los últimos años las empresas tabacaleras han refinado sus productos a base de añadir aditivos para mejorar el sabor del tabaco y hacerlo más apetecible. Así, se ha utilizado amoniaco para mejorar la consistencia y sabor de los cigarrillos; azucares y mentol para atraer el consumo de jóvenes y mujeres (porque se suaviza el sabor) o broncodilatadores para aumentar la absorción de la nicotina en los pulmones y con ello el poder adictivo.

Así pues, a pesar de la mala fama de la nicotina, el tabaco posee otros muchos componentes igual de peligrosos y fatales para nuestra salud.

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