En los últimos años ha habido un preocupante incremento de los delitos de violencia de menores de entre 14 y 18 años contra miembros de su propia familia. Estos menores también presentan graves problemas de conducta asociados al consumo de sustancias tóxicas, pueden encontrarse en riesgo de exclusión social y puedan estar cumpliendo medidas judiciales. Se ha comprobado que menores infractores por este tipo de violencia consumían más drogas que otros chicos de su edad autores de otro tipo de delito. En la mayoría se constataron evidencias de consumo como uno de los detonantes de la situación
Las sustancias más consumidas, y en gran cantidad, son el alcohol, el hachís, más consumos esporádicos de otras sustancias (cocaína, anfetaminas y alucinógenos, éxtasis,etc)
Muchos hogares se han convertido en un infierno, aquellos en que los hijos menores suponen un peligro para sus padres, hijos que les agreden si no acceden a sus demandas o deseos. Existen muchos padres que no dan el paso de denunciar a sus hijos bien porque ello supondría admitir un fracaso o sencillamente porque en ciertas ocasiones no se entiende a los padres que presentan denuncia. Normalmente desde que sucede la primera agresión hasta que los padres denuncian los hechos porque la situación se ha agravado pasan varios años. Y dan el paso porque el agresor ha adquirido ya unas condiciones físicas determinadas que pueden conllevar daños mayores. La gran mayoría de las denuncias que se producen por agresiones y violencia doméstica se refieren a agresiones a progenitores, con mayor frecuencia a las madres ,y en menor medida, a otros familiares como hermanos
No existe un perfil concreto del adolescente agresor, pero es verdad que son más chicos que chicas, aunque ellas utilizan más la violencia psicológica que la física, más propia de ellos
Son menores que frecuentemente muestran conductas agresivas también fuera de su casa, que tienen una autoestima baja e incluso muestran síntomas de depresión
Habría que distinguir dos tipos de violencia filioparental: Una es la que hemos vivido siempre, la de un menor expuesto a la violencia ejercida por sus padres hacia él o del padre contra la madre que, al llegar a la adolescencia, reproduce conductas que ha observado. Y por otro lado está la violencia que surge en familias no desestructuradas con jóvenes que llevan una vida normal, pero que por motivos como una mayor permisividad en el modelo educativo o social, se producen este tipo de episodios.
En la mayoría de los casos son los estilos de crianza autoritarios con castigos severos o los estilos permisivos y negligentes sin normas los que favorecen que surjan estos conflictos. Es entonces cuando el menor se rebela ante ellos y comienzan, primero, los problemas de convivencia y después, los violentos, en una clara escalada que va desde las agresiones verbales iniciales a las físicas. Cuando el adolescente empieza a ejercerla descubre los beneficios que puede conseguir con ella, por ejemplo, dinero, y eso es lo que hace que se mantenga
INTERVENCIÓN EN LAS FAMILIAS
Se empieza verificando: la información que poseen sobre las drogas: sustancias que conocen, efectos, consecuencias, opiniones, creencias, estereotipos, percepción de sustancias que usan sus hijos, etc. Normalizando así el fenómeno de las drogas y proporcionando una información realista y objetiva sobre ellas.
-El tipo de dinámica familiar que existe: habilidades de comunicación, clarificación de roles y reparto de autoridad, establecimiento de normas establecidas y límites. Entrenamiento en resolución de conflictos y manejo de situaciones problemáticas. Proporcionando pautas para el seguimiento y el control equilibrado y efectivo del comportamiento del menor. Resaltar la importancia de una normativa familiar negociada y acorde con las necesidades de unos y otros: límites y normas claras y coherentes dentro de la familia. Lograr alianzas positivas para la armonía familiar

-La actitud que tienen frente al consumo de drogas de los menores es muy importante y determinante: la negación del problema y evasión, sobreprotección, alarmismo y dramatización, capacidad de respuesta y responsabilidad, etc.

-La gestión del ocio y tiempo libre común: modelo de ocupación del ocio de la familia, intereses, aficiones, etc.
Ayudando así a superar la crisis que conlleva educar en estos momentos a su hijo. Ya que el trabajo conjunto incrementa la confianza y la tranquilidad de los padres, sintiéndose más seguros en su tarea educativa diaria, eliminando así, culpas y sentimiento de fracaso como padres. Mejorando las habilidades de comunicación, comprensión y entendimiento mutuo. Favoreciendo la autonomía de los hijos, evitando la sobreprotección excesiva, enseñando los pasos en la toma de decisiones y el criterio independiente
“La paz y la guerra empieza en el hogar, si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias” Teresa de Calcuta
Palabras clave: adicciones, alcohol, marihuana,  drogodependencias, sustancias psicotrópicas, violencia

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