Los jóvenes de hoy en día están sometidos a una gran presión para sacar las mejores notas de cara a un futuro cada vez más difícil y competitivo; lo que los obliga a estudiar sin descanso.  En este contexto, muchos de ellos recurren a drogas para mejorar su rendimiento académico.

En los últimos años se está produciendo un aumento del uso de anfetaminas y otros estimulantes que facilitan la concentración en los entornos universitarios. Los jóvenes utilizan estas drogas para  poder estudiar durante toda la noche.

Los jóvenes también utilizan fármacos recetados para el TDAH, que pertenecen al grupo de las anfetaminas, para mejorar su rendimiento académico y aumentar sus horas de estudio. Estas medicinas son seguras para aquellos con déficit de atención que está bajo supervisión médica. El problema surge cuando estos fármacos son utilizados por personas que no padecen TDAH. Y esto es lo que está ocurriendo en los campus universitarios.

Este tipo de fármacos no pueden adquirirse sin receta médica, por lo que en los campus de las universidades se han montado autenticas "redes de tráfico de anfetaminas" que funcionan como distribuidoras de estas sustancias. Lo que se persigue con el consumo de estas pastillas es mejorar el rendimiento académico y estudiar más tiempo que el resto de los compañeros.

No obstante, estos jóvenes no tienen en cuenta los graves efectos secundarios derivados del uso descontrolado de estas pastillas. Infartos de miocardio, muerte súbita y otros efectos cardiovasculares graves pueden derivarse del consumo de este medicamento.  Por este motivo, la Agencia Antidroga de Estados Unidos (FDA)  ha clasificado estas sustancias como tipo 2, la misma clasificación otorgada a la cocaína o la morfina.

Lo más característico de estas drogas es la motivación que empuja a los jóvenes a tomarlas. No lo hacen para divertirse sino para estudiar y progresar académicamente. Por eso el público que las consume es muy distinto al que habitualmente se asocia al consumo de drogas. Son los chicos más responsables y los que más se esfuerzan; aquellos que sacan las mejoras notan son los que acaban cayendo en su consumo.

Nadie se encarga de perseguir estas prácticas de la misma forma que se persigue el dopaje en el mundo del deporte por lo que pueden convertirse en la norma si no se pone remedio a tiempo. No hay que olvidar que estas sustancias, al igual que el resto de las drogas, pueden producir el desarrollo de una dependencia si se usan de manera descontrolada.

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