En los últimos meses están proliferando las tiendas de cigarrillos electrónicos (e-cigs) en el centro de las ciudades y en lugares de paso. Asimismo la publicidad de estos dispositivos es cada vez más común. Se ha convertido en un auténtico fenómeno social. Su consumo y promoción ha crecido de forma mucho más rápida que los intentos de regulación de un producto destinado a llenar algunos de los espacios que ha dejado vacíos la regulación del consumo de tabaco
Los e-cigs liberan determinadas dosis de nicotina sin mediar combustión sino a través de un proceso de calentamiento de una resistencia eléctrica que genera vapor. Para ello se requieren propelentes y/o humectantes como el propilenglicol y la glicerina. Incluso se ha acuñado la palabra “vapear”, y los consumidores de los cigarrillos electrónicos no “fuman” sino que “vapean”. Sabemos que puede causar neumonía grasa (lipoidea) cuando se consume los e-cigs. También se han detectado en los e-cigs tazas de nitrosaminas y metales pesados (plomo, cromo, níquel..) en cantidades muy inferiores a los cigarrillos convencionales, pero con efectos impredecibles a largo plazo dado que son productos carcinógenos de efecto acumulativo a lo largo de la vida.
Además de que los umbrales para la toxicidad de las sustancias potencialmente tóxicas del e-cig se desconocen, hay otros aspectos a considerar como el posible efecto adverso que puede impedir el cese definitivo del consumo de tabaco, o animar a los jóvenes y a los exfumadores a probar estos nuevos productos, al verse atraídos por los sabores y la falsa imágen de seguridad. Lo más grave es que el cigarrillo electrónico puede perpetuar la presencia social del hábito tabáquico en la vida de muchos españoles, y no hay estudios concluyentes que nos digan que pueden ser un mal menor
La postura ante estos dispositivos debe ser la regulación y la prudencia. No apostamos por una prohibición drástica. Y la mejor opción es guiarse por lo que dice la Organización Mundial de la Salud: “Hasta que no haya datos que demuestren que los cigarrillos electrónicos son productos seguros, eficaces y de calidad aceptable, se debería advertir seriamente a los consumidores que se abstengan de utilizarlos
En cuanto a su eficacia para dejar de fumar, las tasas de abstinencia son en general bajas, y un estudio no encontró diferencias significativas entre el e-cig y el parche de nicotina. Los autores concluyen que hasta la fecha no existe evidencia sólida que apoye el uso de e-cig como herramienta para dejar de fumar.
Sobre el uso del e-cig como estrategia de reducción de riesgos, los autores resaltan que la tendencia al consumo dual en usuarios de cigarrillo electrónico difícilmente conduce al cese total, que debería ser el objetivo prioritario tanto en la prevención cardiovascular como en la de la patología cancerosa relacionada con el tabaco.
El cigarrillo electrónico está suscitando un gran debate social, creando división de opiniones incluso entre profesionales sanitarios. Lo que para algunos supone una amenaza, para otros supone una oportunidad. En mi opinión supone un sustitutivo para la adicción al tabaco, y creo que es mejor dejarlo definitivamente sin regular su dosis diaria, ni reemplazarla.
Dejar de fumar, no es fácil, pero tampoco lo es recuperarse de ninguna adicción. No es imposible, con trabajo se puede lograr. Si necesitas dejar de fumar y crees que ha llegado el día, busca nuestra ayuda.
“Saltar, correr, subir escaleras, oler a vida y no a cenicero, es tiempo de acabar algo y empezar todo”

Palabras clave: adicción, dependencia, tabaco, drogodependiente

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